
En el corazón del Valle del Loira, en el techo del comedor principal del Château Le Fresne, Ignacio Goitia realizó una intervención «al fresco» que convierte la arquitectura en soporte activo del relato pictórico. La obra reflexiona sobre la permanencia de la imagen, el paso del tiempo y la construcción simbólica del espacio histórico.
El proyecto, encargado por la Condesa de la Moussaye, se desarrolló a partir del vocabulario propio del universo goitiesco: animales monumentales, arquitecturas imposibles, perspectivas que dialogan con la herencia del Grand Tour. No es una decoración añadida sobre el techo del castillo; es una conversación entre el siglo XVIII francés y el imaginario contemporáneo del artista.
El fresco se ha convertido en una de las piezas más comentadas del repertorio de Art Interiors de Goitia, dando origen además a una colección derivada de fulares de cashmere y seda que reinterpretan el motivo central del techo en formato textil.